Huele a fallas, perfume de paella…

Después de un acto político fue invitado don Vicente Blasco Ibáñez a comer paella en plena huerta y, un boticario por darle un tono intelectual, nada mas clavar la cuchara en la paella, le preguntó…

Huele a fallas, perfume de paella…

Después de un acto político fue invitado don Vicente Blasco Ibáñez a comer paella en plena huerta y, un boticario por darle un tono intelectual, nada mas clavar la cuchara en la paella, le preguntó: “I vosté, don Vicent, què li pareix Schopenhauer?” A lo que el sorprendido escritor respondió: “schopennhauer?, voste menge i calle, home, menge i calle!”

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Dos advertencias importantes para las gentes no iniciadas en el mundo de la paella al aire libre, la primera; si la paella esta prevista a las dos, se comerá a las tres. A punto de empezar, faltara la sal que quedo olvidada en el pueblo, o sino el azafrán o lo que sea. O bien, siempre a la hora de prender el fuego se gira un aire, llamado “llevantet” o “paellero” que complicara la tarea, por una cosa u otra… las tres y media. La segunda advertencia al comerla, una vez consensuada la calidad del plato “xe, cada gra val un duro”, se charla animadamente, “de bous i toreros”, de “les collites”, “de pilota”, “de porfies” en las que se lucieron los animales de tiro y arrastre, de cien cosas trascendentes mas. Que nadie saque a la mesa la política, la filosofía o la metafísica que no será oído.

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Nacida cerca de la albufera, en un paisaje donde se mezclan los campos de arroz, naranjos, huerta y cría de animales de corral. En pleno aire libre, alcanza todo su esplendor, “la paella y el gazpacho, volen un foc borratxo”. Se popularizo de tal manera que hoy día en la mayoría de residencias valencianas cuentan con un paellero donde se cocina con leña. Una frase empleada en toda la comunidad “anar de paella” (ir de paella) un ritual donde la convivencia, camaradería y diversión se hacen presente durante toda la jornada. Preparar la leña, sofreír las carnes, las verduras, el tomate de la huerta, hervirlo todo con la cantidad justa de agua, creando un caldo concentrado y perfumado de leña, para después, añadir el arroz, eliminar el fuego dejando las brasas observando cómo durante los veinte minutos escasos que dura la cocción (momento para dejar caer unas ramitas de romero) se convierte en un espectáculo embriagadoramente inolvidable.

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Es mejor comerla en el “caldero”, mantiene mas su calor y un punto más óptimo que en el plato. De esta forma, mientras avanzamos desde las paredes al centro del ruedo, podremos ceder algún trozo de carne al vecino, una cortesía poco sincera, pues a los valencianos nos gusta más el arroz que la carne “els trossos”, para finalizar rascando el “socarradet”. Así es la autentica paella, disfrutada bajo una higuera, una parra o un “garrofer”, sin necesidad de mesa, pues suele sustituirse por “uns ferros”, con los comensales alrededor sentados en algún tarugo de madera o en “unes cadires d’aspart”.

Entrañables recuerdos de infancia.

Un fuerte abrazo.
Paco Aviñó.

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PD. Los zapatos son de la valenciana Victoria Del Hoyo Herrero
Su proyecto, http://www.mybluchers.com/shop/es/

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