Audrey Hepburn en la cocina

Mi idea del cielo, es tener a Robert y mis dos hijos en casa (odio las separaciones), y los perros, una buena película, una comida fantástica y una televisión enorme… todo junto. Me siento realmente dichosa cuando es así. (Mi objetivo) no era tener grandes lujos. De niña, quería una casa con jardín, y hoy la tengo. Es lo que había soñado.

El hogar constituía su santuario, el jardín era, sin duda su altar.
Nació un 4 de mayo de 1929 en la ciudad Belga de Bruselas.

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Paseo con mis perros, y eso me mantiene en forma. Hablo con ellos, y eso me mantiene cuerda. No puedo pensar en nada que me haga tan feliz como empezar el día con una cariñosa mascota, jugar con ella y abrazarla. Pienso que un animal, especialmente un perro, es posiblemente la experiencia más pura que puedas tener. Depende totalmente de ti y, por ello, es completamente vulnerable.

En 1988 fue nombrada embajadora de UNICEF y su solidaridad humanitaria por los niños pobres marcó sus últimos días de su vida. Los viajes a Sudán, El Salvador, Guatemala, Honduras y Vietnam fueron ocupando una larguísima agenda.

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¿Sabes lo que te pasa? no tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma y decir está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tú misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.

Los días rojos son terribles y en esos momentos lo único que me viene bien es ir a Tiffany’s, porque nada malo me puede ocurrir allí.

Desayuno con diamantes
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Esta película se ha convertido en obra de culto, impulsada por el movimiento Vogue y el aire chic que inspira el vestuario brillante de Givenchy; Hepburn se ha alzado como actriz fetiche de todo aquello que se quiere transformar en elegancia y de la moda que pide a gritos una retrospección de los felices 60.

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Gran hija, madre y esposa, amiga de sus amigos, estricta y de gran carácter. Sinatra y Dean Martin entre otros le llamaban la princesa.

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La imaginamos deambulando por casa cigarrillo en mano, un wiski en la otra y su adorable perrito entrelazado a sus pies en una noche de insomnio, tan elegante ella siempre, tan guapa y tan odiada por algunas. Cuando sentía que podía confiar en una persona, hacia lo que fuera por ella, se desvivía. Y si esa persona la decepcionaba, aquello suponía el fin del mundo para ella. También se desvivía por muchos animales a lo largo de su vida: gatos, un burro, palomas, incluso un cervatillo, aunque prefería los perros.

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Esta mujer impuso la tendencia del look casual en vez del glamour. Fue la pionera de las muchachas no divas. Su innovación, su espontaneidad juvenil, su frescura y su forma de vestir, impusieron estilos y modas, es también reconocida por ser bailarina y modelo.
Audrey pasaba mucho tiempo dibujando, algunos pueden verse hoy día.

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Es imposible imaginar Desayuno con Diamantes, sin Audrey Hepburn consagrada como belleza atemporal. Locura, tristeza, comedia…todo confluye en el papel de Holly y la temática de desayuno. Personita inmadura y egoísta a veces, soñadora incansable ante el escaparate de Tiffany’s, inestable emocionalmente y sólo amante de una persona en su vida: su hermano Fred. Protagonista infeliz en busca de cariño en un gato sin nombre, un mafioso, un apartamento sin amueblar y hombres que sólo alcanzan a darle 50 dólares para el tocador…tras esa fachada de cariño incondicional, locura transitoria, se esconde una niña que busca su sitio en la ciudad de los rascacielos desde la ignorancia y la ingenuidad.

Prostitución maquillada, quien ama por dinero y quien ama el dinero, problemas, fracasos profesionales y amorosos buscando como elemento común de los personajes la felicidad. Temática totalmente actual.

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Audrey tenía la misma edad que Ana Frank. Diez años cuando empezó la guerra y 15 cuando acabo. Un amigo le dio el libro de Ana en 1947. Lo leí y me destruyo. No sabía lo que iba a leer, no he vuelto a ser la misma, me afecto profundamente. Vimos fusilamientos, hombres jóvenes ponerse contra la pared y ser tiroteados, después abrían la calle y podías pasar por el mismo lugar. Tengo marcado en un lugar en el diario, en el cual Ana Frank dice que han fusilado a cinco rehenes. Ese fue el día que fusilaron a mi tío. En las palabras de esa niña yo leía lo que aun sentía en mi interior. Esa niña que había vivido entre cuatro paredes había hecho un reportaje completo de todo lo que había vivido y sentido.

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No hubo pastel para celebrar los quince años de Audrey. Al cuarto año de la ocupación nazi, escaseaban la leche, la mantequilla, los huevos, el azúcar y todo lo demás. Pero aquel día, el día de la liberación, un soldado le dio un puñado de chocolatinas para celebrarlo: “me las comí todas y me puse enferma”. “Durante la guerra hablaban de la comida sin parar, de que plato comeríamos cuando terminara la guerra. Creo que el mió era pastel de chocolate.” Ese cremoso lujo siempre fue la prueba de que, en el fondo la vida constituía una dulce proposición.

No fueron del todo malos esos terribles años, y Audrey podía vivir algo su niñez, siguiendo con los paralelismos de Ana Frank, dice en palabras de Ana; “el espíritu de supervivencia es muy fuerte, en un momento dice estoy deprimida y al siguiente te habla de que quiere montar en bicicleta. Ella es la muestra de una infancia en terribles circunstancias.

¿Pero qué comía realmente Audrey Hepburn? ¿Cuáles eran sus hábitos alimentarios?

Según cuenta en su libro Sean Hepburn Ferrer, hijo mayor de la actriz, sus hábitos eran sencillos y comía una cantidad normal.

Le encantaba la pasta una vez al día, pero no la combinaba con proteínas. En aquellos días no sabíamos nada sobre combinaciones de alimentos, así que ella lo hacía de un modo natural. Tomaba pasta y una ensalada, y sólo se servía una vez. Con el paso de los años comía menos y menos carne, pero no era vegetariana. No comía ternera por cuestiones humanitarias, pero sí comía una cantidad limitada de carne de cerdo, pollo y pescado. Era muy buena cocinera, y también creía que las combinaciones de color de los alimentos que había en el plato eran importantes. Éste era el modo en que diseñaba una dieta sana: con un poco de estilo y combinación de colores…

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¿Su plato favorito? Spaguettis al pomodoro, aunque no del modo clásico sino del modo Hepburn:

Pelaba y cortaba en dados una cebolla pequeña, dos dientes de ajo, dos zanahorias, dos troncos de apio. Lo colocaba todo en una olla. Añadía dos latas grandes de pelati italiano o tomates Roma pelados y medio ramillete de hojas frescas de albahaca. Añadía un buen chorrito de aceite de oliva y dejaba cocer a fuego lento durante 45 minutos. Pasado ese tiempo, apagaba el fuego y dejaba reposar durante 15 minutos. Lo servía sobre la pasta cocinada al denté con una cantidad generosa de parmesano fresco (Reggiano) y la otra mitad de la albahaca bien lavada y cortada con tijeras en una taza o vaso para evitar que se estropee o ennegrezca.

Audrey prefería la comida italiana porque todo se preparaba al momento, “a diferencia de la cocina francesa, que fue diseñada para enormes séquitos reales y usaba salsas muy cremosas para ocultar la falta de frescura”.

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La mítica actriz tenía también una versión propia del pesto italiano, que se prepara con albahaca en un mortero con gran cantidad de aceite de oliva y ajo, además de piñones y parmesano: tomaba un gran ramillete de perejil italiano y un gran ramillete de albahaca. Lo mezclaba todo con un diente de ajo y luego añadía una taza de leche, un largo chorrito del mejor aceite de oliva virgen y un buen trozo de parmesano. Mezclar hasta que quede cremoso. Añadir más leche para mantener la salsa suficientemente líquida.

Por último, he aquí la receta de su aliño favorito para ensaladas:
90% de vinagre de vino de arroz sazonado, 10% de aceite de oliva, un largo chorro de salsa de soja baja en sodio y pimienta triturada al gusto.

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Según Sean Hepburn, su madre no tomaba nunca tentempiés, pero cuando se decidía por un postre tenía que ser dulce. Le encantaba una bola de helado de vainilla con un chorrito de jarabe de arce. Y a menudo tomaba un trozo de chocolate porque, según ella, ahuyentaba la depresión.

Lo esencial de Audrey Hepburn con un matiz gastro visto por Paco Aviñó.

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